Poza

Apenas un arañazo de agua corre cerca de mi pueblo. Ahí pasamos las tardes, en una poza, mojamos los torsos para que luego el sol los seque. Con gritos kilométricos nos arrojamos por la borda, clavados mostrencos que enjuagan preguntas.

Brincar y caer al agua.

Mientras, los chivos andan sueltos, salen, trituran pastura que al volver al corral regurgitarán.

Luego la búsqueda, el retorno, además la plática. Volver en extensas rutas para rastrear el rebaño, con el conocimiento de la manada otear a la distancia. Alejarse. Orinar bajo los árboles. Distinguir formas y colores de cada uno. Oír la campana.

Y en el pecho, el brote de un silbo de bartolina.

Un rápido esputo se clava como flecha sobre la tierra. No florece, se revuelve para no incendiarse.


Óscar Muciño

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El hombre solitario como la campanada de la una
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