2 Poemas. Pablo de Rokha (Chile)

Pablo de Rokha ( Carlos Ignacio Díaz Loyola) (Chile, 1894-1968)

Décimas del roto choro

Guateludo y tirillento,

como un tony de sainete,

o un gran mar de tomento,

azotado por el viento

de la canción popular,

va de pajar en pajar,

andrajosos de aventura,

buscando la sepultura

donde echarse a descansar.

Tinaja de vino malo,

cuero de chicha vinagre,

¡si ya más parece un bagre

disfrazado de robalo!

entre el azote y el palo

sufriendo de sol a sol

hasta el último arrebol

le arrasó la oligarquía

y arrastra, a medias, la hombría,

lo mismo que un caracol.

Te llevan a la trinchera

como al burro al matadero,

chillando el bufar guerrero

de la gran mafia logrera:

y te espera la huesera

del piojento nacional;

saliste del corral

a asesinar proletarios,

arreado por los corsarios

del asno internacional.

Viejo Chaplin rancagüino,

todo pulguiento y chinchoso,

¡si está tan bien reseboso

tu gran guarapón maulino!

parece aspa de molino

la mantita nacional,

y la ojota anda tan mal,

con el pantalón bombacho

como el grito de un borracho

adentro de un naranjal.

¿Ya nunca tendrá montura,

ni lazo en la pegualera,

y no correrá en la era

como libre criatura?

bestia del rico y del cura,

infeliz sin porvenir,

¿habrá de ir y venir

humilde y acorralado

igual que un patrón capado

que ruega hasta pa morir?

Morralla del patroncito,

roñoso esclavo campero,

haragán electorero

rey y buey un clan maldito

un despertar infinito,

aún le patalea, aún,

y desde Iloca a Colbún,

desde Cherquenco a Rosario,

su rebenque estrafalario

raja la fosa común.

Jardín de tiras y piojos

¡apunta la carabina

contra la casta asesina

que te ha sacado lo ojos!

en grandes pendones rojos

tu ilusión has de poner,

no llores como mujer

ni te humilles como un perro,

¡aprieta el puño de hierro

y déjate morder!

Diviso una gran marea

levantándose, tamaña,

inmensa como la araña

que en los sueños manotea,

y un gran arriero que arrea

un rebaño de salón,

en donde no va ni un peón,

sino los amos del oro…

¡el guaina es un ROTO CHORO

arriando al frute ladrón!

Con guarapo envenenado

lo curaron hasta el hueso,

porque lo creyeron leso

como animal de ganado,

fregado y apachurrado

de tanto y tanto aguantar…

¡pero se van a ensartar

los que lo creen veneldo,

porque del hombre podrido

crece muy lindo cantar!

Malhablado y pendenciero,

racimo de yerba negra,

todavía el corvo integra

su figura de haviero

piojoso y aventurero

caído en el ventarrón,

y aún le queda corazón

a esa inmensa ruina humana

para agarrar la picana

y clavársela al patrón.

Los inquilinos

Desde lo alto de los ranchos,

la miseria viene cayendo,

-lluvia de piojos, lluvia y llanto-;

y los últimos esqueletos,

-enormes banderas de andrajos-,

van tiritando, invierno adentro,

en la soledad de los campos;

la policía está sobre ellos,

haciendo restallar el látigo

y el puñal de “los caballeros”;

son los esclavos, el rebaño

de los patrones, son los siervos,

los tremendos siervos chilenos,

maneados y encadenados

por el capital extranjero,

sus “PATRIOTAS” y sus “SICARIOS”;

carne de cárcel –barro y hierro-,

flor de presidio, en los barrancos

espantosos del cementerio;

salarios de hambre, los salarios,

pienso de bestias, en receso,

y el horror nacional, cavando

la pena inmensa del pellejo;

arrasó el capataz borracho

a la última virgen, cubriendo

de baba los dieciséis años

y se abrió el hospital del pueblo;

por las mañanas, canta “EL MALO”,

entre el coligüe de los techos,

y encima de un montón de espanto

hay una inmensa flor pariendo;

dos leones acuchillados,

cierran la hacienda; (a ochenta perros

les siguen catorce lacayos,

un sacristán y cien llaveros);

¡y hay peromotos proletarios,

detrás delos muros siniestros!;

bajo el grito de los güairaos,

a la orilla de los esteros,

o a la orilla de los pantanos,

a la sombra de los canelos,

a la ribera de los álamos,

a la sombra de los gomeros

o entre mediagüas de rezago,

obscuros, malditos, hambrientos,

murallones ya destrozados

de una gran fábrica de muertos,

van los campesinos errando

encima del país chileno,

entre viñedos y sembrados,

entre caballos y corderos,

parias de Dios, el dios marrano

de los ricos y del gobierno:

porque ya murieron los huasos,

restan los perros de los perros,

-“PATRONCITOS” y “PANIAGUADOS”-;

a las guitarras sucedieron

aullidos de mamarrachos,

a la cueca, la bala, el féretro

de puntapiés de los mulatos,

la galleta hedionda, el tremendo

y acerbo puñal del Estado,

el curita, el carabinero,

el hambre, siempre el hambre, el trago,

el trago amargo del veneno

y humillación del flagelado;

lejos los pueblos, en lo lejos;

entre quebrados y barrancos,

cementerio de cementerios,

baldío, reseco, malsano,

llaga del sol, ciego entre ciegos,

muerto entre muertos, llora el campo.

Tomados de:

Rokha, Pablo de, (2000). Antología, Chile: Ediciones LOM. Libros del ciudadano. (p.17-23)

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El hombre solitario como la campanada de la una
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