Cook “Voyages”. Joaquín Pasos

Bind us in time, O Seasons clear and awe.
O ministrel galleons of Carib fire,
bequeath us to no earthly shore until
is answered in the vortex of our grave
the seal’s wide spindrift gaze toward paradaise.
Hart Crane

Con las manos en las bolsas, a lo largo de los encerados de la memoria.

Te miro fijamente en los ojos. Todo lo demás de tu persona.

Letras de tiza acabadas de borrar en la pizarra.

De pronto —Qué cosa pasa dentro de tus pupilas?—

Mujer mujer. Alrededor del mundo

y en todos los caminos que se tienden, con el ruido de los trenes expresos,

corre mi deseo a 1.200 kilómetros por hora.

Se pusieron indicadores de distancias en las carreteras

K 1.500

K 100000000000000000000000000000000000000000000000000000000000

Tu hermano tiene una cruz en el pecho y otra en la espalda como los antiguos cazadores, inventores de los meetings y fundadores de las asociaciones de boy scouts.

Si tú estuvieras completamente a mi lado

yo te diría sin mirarte: No tengo nada que hacer,

Mariquita Primera.

Mi lápiz no ha podido poner un punto fijo en todo el mapamundi.

Estuve pensando en las rocas traquíticas de la isla de San Pedro, al S. O. de Cerdeña

y en el río Kuraji que desemboca en el Mar Muerto

y muere también —todo eso en otro mundo muy lejos de aquí y en el Elzenz, afluente del Neckar, en el pueblo de Mauer cerca de Heidelberg,

en donde fue encontrada la mandíbula del Homo

Heidelbergensis,

atribuida a la edad chelense.

Pero en la carta había un lugarcito que gritaba cuando me vio,

y agitaba sus manecillas de letras como un náufrago.

Mientras se abría el mar.

 

En el país nicaragüense y en toda la zona ecuatorial

el sol sale del horizonte

bravo. Con una actitud de arremetimiento como la del bisonte de Altamira.

Estiro una pierna, y viendo mi zapato

pienso en lejanías y en las puntas de los dedos del mundo.

¡Oh, dedos de los pies del mundo, perdidos quién sabe dónde con las uñas descuidadas!

Bostezo, mientras tú pasas por todo mi ser como una corriente de desinfección

lavando todo lo gomoso y sucio que puedan tener todos mis pensamientos.

 

A lo largo de las aceras donde van rebotando tus recuerdos,

y allá en el horizonte donde tu memoria se ha disuelto y se han borrado los buques,

¡cuánto andar! ¡cuánto andar!

Desde hoy por la mañana, a la hora de tomar café, y luego acentuado por las 9, y las 10, hasta cerca de las 11,

me vino el deseo de marcharme.

No sé si iré a Muymuy, a Nindirí, o a las riberas del río Kooringways.

Pero lo más atrayente es una isla en el Pacífico

como Cliperton (francesa) o Pitcairn (inglesa).

No. Los hombres deberíamos tener un aparato marcador de sensaciones

con alarma. Hoy por ejemplo, la gente debiera estar prevenida contra mi persona.

Si tú estuvieras completamente a mi lado,

y no que hoy mismo en la tarde, te veré como todos los días.

Ya estaré ajeno a todas estas perturbaciones, que no tendrán importancia, como no la tienen las palabras que olvidé.

Hoy mismo por la tarde, las mismas sensaciones de quieto bienestar,

cuando las golondrinas y los pensamientos se apaciguan,

cuando las campanas, hisopos en los funerales de la tarde, hacen una aspersión de sonido sobre el viento muerto.

En la hora en que yo vengo del campo, de apacentar mi rebaño de pequeñas tristezas.

Ya te he dicho que estuve pensando en eso y en mil cosas más

pero hoy es viernes y los chiquillos toman sus bultos y se van a la escuela.

En el colegio los mapas no hablan, sino que dejan unos brazos fáciles colgados.

La maestra no entendería si yo le hablara de ciertas islas del Pacífico

como Cliperton o Pitcairn.

Allá en las aldeas lejanas escupidas detrás de las montañas azules,

o en las grandes ciudades insospechadas, puestas a secar al sol,

otros hombres convivirían con nosotros, y conoceríamos sus almas de otros moldes

y ciertos golpes minúsculos detrás de sus pupilas.

 

Como cuando yo vivía en una ciudad siempre humedecida

en una casa verde con ventanas pequeñas de cristales,

con un jardín

varios libros,

cigarrillos

y un vaso de Agua de Colonia.

 

(Mujer recuéstate en el marco, junto a la celosía.)

(Tu hermano, el de las cruces, acaba de salir del cuarto de baño en bicicleta.)

 

“Vámonos”, dicen detrás de mí durante los minutos de la limonada.

Ya quiero navegar en tu sonrisa,

pero tú persistes en mirarme fijamente a los ojos.

 

He rayado con mi navaja el bonito ahulado de la mesa,

pero al fin abandono esta tarea inútil, destructiva.

(Dice el tiempo: ruuúm, en todos los relojes.)

Ay!

En este mismo instante existen en el mundo muchos lugares

muchas aldeas llenas de personas

a quienes podríamos conocer más o menos.

Yo te quiero.

 

Hablando detrás de pajillas dobladas

éste es el instante para mirar tus últimas fotografías.

(Si te empeñas en mirarme fijamente)

el gato quie…

(¿Qué cosa pasa dentro de tus pupilas?)

Mas he aquí que nuestro mutuo amigo Carlos viene con nada en una mano

por los dedos de la otra trae enganchada a Paquita, su hermana de 6 años.

No son las 12 aún, y yo te aseguro que todavía hay tiempo para que caiga un beso.

Hablas despacio y la verdad es que tus ojos son otras dos personas a quienes yo amo también.

Tú y toda la bolit’el mundo.

 

Mujer ¡qué tensa está la cuerda del mundo!

¡Cómo mi amor la hace sonar de polo a polo!

Adiós, pequeñas aldeas humildes, que descubrí sembradas dentro de tus ojos.

Adiós grandes ciudades construidas en planos de luz tuyos.

Hace mucho tiempo que yo deseaba descrubrir este poema.

Tiempo. Yo te aseguro, mujer, que todavía hay tiempo.

Pequeñitas villas en el borbollón de mis recuerdos.

Chotes aparecidos en la mano de la Tierra.

Casi las 12.

El tiempo está en las arterias y en los émbolos de las arterias locomotoras que van marchando con su tren hacia…

Asia.

 

 

barco-cook

 

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El hombre solitario como la campanada de la una
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