Del sentimiento de ridículo en el amor…

garrick

 

Cuando estamos decepcionados amorosamente nos sentimos disminuidos en dignidad, nos sentimos ridículos y cómicos, porque esperábamos ser dignos de un valor que nos desprecia o que simplemente no se nos es otorgado.

Estamos en una disposición anímica para recibir un valor, una aceptación, un tomar en serio y cuando esto no ocurre un poco de desvalorización recae en nosotros. No es propiamente el sentimiento que mueve a la risa pero es parecido en el sentido que una pretensión se ve negada. Y entre más elementos hayamos tenido para sentir esa pretensión de ser dignos de un valor, mayor será la caída cuando nos demos cuenta que en realidad ese valor no se transportó hacia nosotros.

La intención amorosa no conoce de valores, no se relaciona con ellos directamente, sino que los precede, la intención amorosa vuelve valores lo que le conviene a su intención. El sentimiento puro se ve condicionado y guiado por la intención amorosa para dar valor a lo que necesita dar valor para ver su intención satisfecha.

Al momento de ocurrir la caída de nuestra pretensión no podemos verla cómica porque nos atañe, estamos involucrados en ella; lo cómico únicamente aparece cuando hay un distanciamiento anímico de la situación, es más común reírse de lo pasado, inclusive con aquellos que cuando estábamos involucrados se reían y nos advertían que caeríamos, que tuviéramos cuidado, que regresaríamos de la aventura cabizbundos y meditabajos (a lo que hacíamos oídos sordos).

Publicado en The Solipsta | Deja un comentario

Esto que ahora digo…

estoquedigo

Esto que ahora digo estoy seguro que lo he dicho en otro lado. Y porque no alcanzo a balbucear algo distinto lo repito. Tengo un amigo que repite las palabras hasta dejarlas sin sentido para que surja en ellas uno nuevo. Yo me declaro incapaz de tal acción. Lo que yo digo ya lo he pronunciado, con otras palabras pero aludiendo a lo mismo. En el fondo he hablado de esto durante el tiempo que hablo, de lo mismo, de lo ya dicho en el fondo aunque ahora se diga de otra manera. Sin importar la elección de los vocablos, estos terminan expresando repeticiones. En la madeja sólo hay un hilo, decir es el mar como una ola que no cesa de repetirse. Esto que digo no solo lo he dicho yo, alguien más ya lo dijo.

Publicado en The Solipsta | Deja un comentario

I.D.

id

 

Tengo más de 30 años.

No llevo un rumbo.

He escuchado poco

he leído menos.

Los renglones que escribí fueron desechos.

Siempre preferí la forma francesa a la profesional.

Siempre preferí el cuadro grande al cuadro chico.

Nunca me comí medio ácido.

Nunca cerré un ciclo.

Publicado en The Solipsta | Deja un comentario

Cebolla

cebolla

 

No te había pensado cebolla. He cortado muchas fijamente, con atención, en pequeños trozos o en rodajas, y no te relacionaba con ellas. No eres tan blanca que en tu piel resalten venas. Ni tu olor es penetrante. Tienes capas, pero todos tenemos capas. Me has hecho llorar en ocasiones, pero no hablo de eso, sino que apareciste cebolla en tu cuerpo, en una idea de tu cuerpo.

Publicado en The Solipsta | Deja un comentario

Rombos

rombos

Tu cuarto era un rectángulo, tu cama estaba junto a una ventana con persianas, un edredón y debajo una cobija de los cowboys, tu cama con un camastro debajo. El piso alfombrado. Desde tu habitación sin dificultad se observaban los tinacos y las nubes de la mañana y de la tarde.

El ventanal del cuarto con la luz se transformaba en un rombo naranja cuyo brillo se extendía por la paredes y cubría la cama, seguía por unos pies con calcetas de franjas amarillas; después unos tobillos hueso de aguacate, luego comenzaban unas pantorrillas firmes en un ángulo de noventa grados con respecto a tus muslos y tus nalgas cubiertas por un short también rayado; tu dorso con una camiseta sin mangas; tu cuello se levantaba un poco para que tu rostro, que lucía su pelo peinado en coleta y un par de lentes cuadrados y de pasta, (sólo para la vista cansada) pudiera leer.

En el marco de la puerta de ese cuarto, sobre el piso alfombrado, sentado con las rodillas cerca del pecho, estoy yo, con los ojos en toda la escena, en la ventana por donde entra la luz que nos despierta en las mañanas, cuando los niños que van a la primaria salen bien peinados y con sus uniformes limpios. Mi mirada, como el sol, desciende de los cúmulos de nubes, los tinacos y las antenas de la televisión hacia ti, tus calcetas, tu short, tu camiseta, tu coleta.

Tú certera leyendo, indiferente de lo que te rodea. Yo garabateando estas líneas.

Publicado en The Solipsta | Deja un comentario

Sasha

sasha

 

Necesitaba otro paisaje y otra lengua.

 

Te llamo melón, piña tropical.

Te llamo esmeralda, zorro en la nieve.

Te he gustado. Te he visto

con ojos como si los hubieran pescado en el fondo del mar

 

Te llamo calor, te llamo temblor, te miro de hito en hito

o las tres cosas juntas.

Te llamo verano de aplastar almendras.

Te miro flor creciendo en una grieta.

Te llamo aire de agitar los brazos.

Te miro los pies.

Te llamo verde cima de un monte

Publicado en The Solipsta | Deja un comentario

Cook “Voyages”. Joaquín Pasos

Bind us in time, O Seasons clear and awe.
O ministrel galleons of Carib fire,
bequeath us to no earthly shore until
is answered in the vortex of our grave
the seal’s wide spindrift gaze toward paradaise.
Hart Crane

Con las manos en las bolsas, a lo largo de los encerados de la memoria.

Te miro fijamente en los ojos. Todo lo demás de tu persona.

Letras de tiza acabadas de borrar en la pizarra.

De pronto —Qué cosa pasa dentro de tus pupilas?—

Mujer mujer. Alrededor del mundo

y en todos los caminos que se tienden, con el ruido de los trenes expresos,

corre mi deseo a 1.200 kilómetros por hora.

Se pusieron indicadores de distancias en las carreteras

K 1.500

K 100000000000000000000000000000000000000000000000000000000000

Tu hermano tiene una cruz en el pecho y otra en la espalda como los antiguos cazadores, inventores de los meetings y fundadores de las asociaciones de boy scouts.

Si tú estuvieras completamente a mi lado

yo te diría sin mirarte: No tengo nada que hacer,

Mariquita Primera.

Mi lápiz no ha podido poner un punto fijo en todo el mapamundi.

Estuve pensando en las rocas traquíticas de la isla de San Pedro, al S. O. de Cerdeña

y en el río Kuraji que desemboca en el Mar Muerto

y muere también —todo eso en otro mundo muy lejos de aquí y en el Elzenz, afluente del Neckar, en el pueblo de Mauer cerca de Heidelberg,

en donde fue encontrada la mandíbula del Homo

Heidelbergensis,

atribuida a la edad chelense.

Pero en la carta había un lugarcito que gritaba cuando me vio,

y agitaba sus manecillas de letras como un náufrago.

Mientras se abría el mar.

Seguir leyendo

Publicado en The Solipsta | Deja un comentario