Isolda

Isolda

cuántos kilómetros cuántos sexos
separan la época glacial
el misterio entre tú y yo

solamente vino el deshielo de sí mismos
corriendo en todas direcciones
los osos se libertaron
eran flores

entierra mi actitud como una nube detrás de la montaña
a todos tus muertos
si tú suspiras si tú supieras
cuando a través de todas en vano eres
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Summertime

La vida se divide en tiempo de trabajo y en tiempo de ocio, sudor y descanso, esfuerzo y remanso, y ambos lados de la existencia tienen sus cantos, sus ceremonias. Porque la labor cuando se acompaña de la voz, porque el descanso cuando se acompaña de sonido, tienen un aire veraniego.

 

Disfruta alma la brisa del momento; disfruta ahora cuerpo las delicias de tu verano, el sol sobre tu piel, la calidad del paisaje en tus ojos, la seguridad de tener alimento a la mano, que no estás solo, porque aunque todo se marchite nunca se está realmente solo; dentro llevas, de ti, un testigo.

Abrir las alas, emprender hacia el cielo dejando los brazos tibios de la madre, volverse el azul, volverse el aire, paladear la dulzura y el amargor de la existencia. Y ya no ser el futuro, sino ahora tener el lapidante  peso de ser el presente que de a poco se hace pasado.

De nuevo acúname como lo hiciste hace mucho, cántame como en antaño, con esa voz de alacena llena, de algodón crecido, rebosante de peces saltando y que me vaciaba de miedo, con esa voz que siempre tendrá la esencia de aquellos años cuando todo yo fui también un verano.

Esto es para evitar la cedicia. Esto es para esquivar una mala cosecha. Esto es para que cuando llegue el tiempo de arar, encontremos un campo pleno y dispuesto para la simiente. Que crezca plena para después llenar las alacenas y corresponder al río lleno de peces que nos acompañará. Que la vida sea sencilla cuando tus alas se abran en las alturas.

 

 

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Del sentimiento de ridículo en el amor…

garrick

 

Cuando estamos decepcionados amorosamente nos sentimos disminuidos en dignidad, nos sentimos ridículos y cómicos, porque esperábamos ser dignos de un valor que nos desprecia o que simplemente no se nos es otorgado.

Estamos en una disposición anímica para recibir un valor, una aceptación, un tomar en serio y cuando esto no ocurre un poco de desvalorización recae en nosotros. No es propiamente el sentimiento que mueve a la risa pero es parecido en el sentido que una pretensión se ve negada. Y entre más elementos hayamos tenido para sentir esa pretensión de ser dignos de un valor, mayor será la caída cuando nos demos cuenta que en realidad ese valor no se transportó hacia nosotros.

La intención amorosa no conoce de valores, no se relaciona con ellos directamente, sino que los precede, la intención amorosa vuelve valores lo que le conviene a su intención. El sentimiento puro se ve condicionado y guiado por la intención amorosa para dar valor a lo que necesita dar valor para ver su intención satisfecha.

Al momento de ocurrir la caída de nuestra pretensión no podemos verla cómica porque nos atañe, estamos involucrados en ella; lo cómico únicamente aparece cuando hay un distanciamiento anímico de la situación, es más común reírse de lo pasado, inclusive con aquellos que cuando estábamos involucrados se reían y nos advertían que caeríamos, que tuviéramos cuidado, que regresaríamos de la aventura cabizbundos y meditabajos (a lo que hacíamos oídos sordos).

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Esto que ahora digo…

estoquedigo

Esto que ahora digo estoy seguro que lo he dicho en otro lado. Y porque no alcanzo a balbucear algo distinto lo repito. Tengo un amigo que repite las palabras hasta dejarlas sin sentido para que surja en ellas uno nuevo. Yo me declaro incapaz de tal acción. Lo que yo digo ya lo he pronunciado, con otras palabras pero aludiendo a lo mismo. En el fondo he hablado de esto durante el tiempo que hablo, de lo mismo, de lo ya dicho en el fondo aunque ahora se diga de otra manera. Sin importar la elección de los vocablos, estos terminan expresando repeticiones. En la madeja sólo hay un hilo, decir es el mar como una ola que no cesa de repetirse. Esto que digo no solo lo he dicho yo, alguien más ya lo dijo.

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I.D.

id

 

Tengo más de 30 años.

No llevo un rumbo.

He escuchado poco

he leído menos.

Los renglones que escribí fueron desechos.

Siempre preferí la forma francesa a la profesional.

Siempre preferí el cuadro grande al cuadro chico.

Nunca me comí medio ácido.

Nunca cerré un ciclo.

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Cebolla

cebolla

 

No te había pensado cebolla. He cortado muchas fijamente, con atención, en pequeños trozos o en rodajas, y no te relacionaba con ellas. No eres tan blanca que en tu piel resalten venas. Ni tu olor es penetrante. Tienes capas, pero todos tenemos capas. Me has hecho llorar en ocasiones, pero no hablo de eso, sino que apareciste cebolla en tu cuerpo, en una idea de tu cuerpo.

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Rombos

rombos

Tu cuarto era un rectángulo, tu cama estaba junto a una ventana con persianas, un edredón y debajo una cobija de los cowboys, tu cama con un camastro debajo. El piso alfombrado. Desde tu habitación sin dificultad se observaban los tinacos y las nubes de la mañana y de la tarde.

El ventanal del cuarto con la luz se transformaba en un rombo naranja cuyo brillo se extendía por la paredes y cubría la cama, seguía por unos pies con calcetas de franjas amarillas; después unos tobillos hueso de aguacate, luego comenzaban unas pantorrillas firmes en un ángulo de noventa grados con respecto a tus muslos y tus nalgas cubiertas por un short también rayado; tu dorso con una camiseta sin mangas; tu cuello se levantaba un poco para que tu rostro, que lucía su pelo peinado en coleta y un par de lentes cuadrados y de pasta, (sólo para la vista cansada) pudiera leer.

En el marco de la puerta de ese cuarto, sobre el piso alfombrado, sentado con las rodillas cerca del pecho, estoy yo, con los ojos en toda la escena, en la ventana por donde entra la luz que nos despierta en las mañanas, cuando los niños que van a la primaria salen bien peinados y con sus uniformes limpios. Mi mirada, como el sol, desciende de los cúmulos de nubes, los tinacos y las antenas de la televisión hacia ti, tus calcetas, tu short, tu camiseta, tu coleta.

Tú certera leyendo, indiferente de lo que te rodea. Yo garabateando estas líneas.

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